La realidad es cínica, por eso hace que
suceda aquello que nos resultaba impredecible. Constantemente decimos cosas del
tipo “¡algo así jamás podría pasar!”, o “¡eso es así, y punto!”. Pero la edad
te va haciendo precavido con ese tipo de sentencias. Uno descubre que las carga
el diablo, y entonces entiendes el inmenso y majestuoso poder del silencio.
Charles Chaplin
participó en San Francisco en un concurso de imitadores de Charlot en 1913. Ni
siquiera llegó a la final. El jurado le consideró uno de los participantes con
menos talento. El ganador fue un tal Milton Berle, que llegaría a ser un
importante actor.
Lo gracioso es que, Berle era mucho más
auténtico para el jurado imitando a Charlot que el propio Charles Chaplin siéndolo.
En The best man, película de
1964, que relataba la carrera entre dos políticos por hacerse con la
presidencia, contaba con los actores Henry Fonda y Cliff Robertson. Sin embargo
este último a punto estuvo de caerse del reparto por culpa de un actor llamado
Ronald Reagan. Cuando se les preguntó a los productores por qué habían escogido
a Robertson en lugar de al que luego llego a ser presidente de los Estados
Unidos, estos contestaron: "porque no tenía perfil presidenciable".
Cojonudo, ¿no?

La realidad es relativa pues depende de las circunstancias. ¿Cínica?. No lo creo. Yo diría que es traviesa y juguetona. A nosotros nos toca ser prudentes y responsables para que no se torne agria.
ResponderEliminarSantiago.
Hay muchas formas de calificar la realidad. Traviesa y juguetona es un modo amable de hacerlo. Llamarla cínica, sin embargo, es atribuirle intenciones perversas. Es nuestra mirada la que elige el calificativo. Depende de nuestro grado de ataraxia.
ResponderEliminarUn saludo, Santiago.