Cuando hace un tiempo se destapó la
implicación de Hugo Boss con el nazismo, creo que sonreí pensando: <<Otro
más>>. Recuerdo que sus herederos lo justificaron como el único modo que
existía de salir adelante. Bueno, hay una diferencia entre tratar de sobrevivir
en el entramado industrial de los nazis y triunfar plenamente con él.
Es un tanto desconcertante descubrir
lo bien que los empresarios alemanes han prosperado hasta nuestros días, los
mismos que lo hubieran hecho si el régimen nazi hubiera logrado la victoria.
Imaginemos un mundo nazi. ¡Mmmmh…, no es tan difícil! En Estados Unidos, un tal
Prescott Bush, cuyo hijo y nieto, ambos llamados George, llegarían a presidentes
del país muchos años después, ha logrado junto con una parte de la elite
industrial y financiera del país, que el Mayor General del Cuerpo de Marines,
Smedley Butler, diera un golpe de estado contra el presidente Franklyn D.
Roosvelt. Así, la Alemania nazi y unos Estados Unidos fascistas permiten que
Otto, un ciudadano alemán, que en 1965 trabaja en la Francia ocupada, tenga su
casa equipada por los productos de empresas alemanas y extranjeras que apoyan
abiertamente al régimen nazi. Los aparatos electrónicos y electrodomésticos son
de IBM, AEG, Siemens, Thyssen, General Electric, ITT… En su mundo ideal de nazi
viste Hugo Boss y bebe Coca Cola. Tiene una cartilla de ahorros en el Deutsche
Bank. Si le duele la cabeza, se toma una aspirina de Bayer. Y, después, va a
trabajar al campo de concentración en un Mercedes o Volkswagen, o puede que un
Ford. Da igual. Salvo las marcas inglesas, cualquier automóvil está a su alcance.
<<¿Qué otra cosa podíamos
hacer?>>, se disculpan los herederos. <<Para sobrevivir en un
régimen nazi había que serlo, o disimular>>.
Ah, sí. ¡Pero es que parecieron
disfrutar tanto aquellos años!
Es maliciosamente divertido pensar en
Hugo Boss estudiando el diseño de un uniforme. Aquí colocamos la insignia
Totenkopf, y en el cuello irán las runas de las SS. ¡Maravilloso! El hombre
nazi debe ser apuesto, firme e intimidante. Como dice el lema: “vestido para el
éxito”. Millones de personas antes de morir lo último que vieron con terror fue
un tipo vestido de Hugo Boss. Aunque si este pensamiento es ya de por sí
inquietante, imaginar que el gas con el que se les asesinó, el Zyklon-B, era
suministrado por Bayer, que formaba parte del conglomerado IG Farben, termina
deprimiendo.
Realmente, ¿solo trataron de salir
adelante en tiempos difíciles?
Saber que muchos nazis buscaron
refugio yendo a la ciudad del Vaticano, que organizó su fuga a Sudamérica, que
los bancos de Suiza guardaron sus fortunas ganadas con el expolio, y que los
Estados Unidos reclutaron a cientos de ellos en la operación Paperclip, me hace
pensar que el mundo salido de la Segunda Guerra mundial fue muy generoso con
todos ellos: los grandes industriales y militares nazis.
Me hace pensar en la carta que Jack el
Destripador escribió en 1888 diciendo:
<<Algún día los hombres mirarán
atrás y dirán que conmigo nació el siglo XX.>>
Parece que tenía razón el hijoputa.

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