viernes, 23 de marzo de 2012

Vestido para el Éxito


          Cuando hace un tiempo se destapó la implicación de Hugo Boss con el nazismo, creo que sonreí pensando: <<Otro más>>. Recuerdo que sus herederos lo justificaron como el único modo que existía de salir adelante. Bueno, hay una diferencia entre tratar de sobrevivir en el entramado industrial de los nazis y triunfar plenamente con él.                                                           

        Es un tanto desconcertante descubrir lo bien que los empresarios alemanes han prosperado hasta nuestros días, los mismos que lo hubieran hecho si el régimen nazi hubiera logrado la victoria. Imaginemos un mundo nazi. ¡Mmmmh…, no es tan difícil! En Estados Unidos, un tal Prescott Bush, cuyo hijo y nieto, ambos llamados George, llegarían a presidentes del país muchos años después, ha logrado junto con una parte de la elite industrial y financiera del país, que el Mayor General del Cuerpo de Marines, Smedley Butler, diera un golpe de estado contra el presidente Franklyn D. Roosvelt. Así, la Alemania nazi y unos Estados Unidos fascistas permiten que Otto, un ciudadano alemán, que en 1965 trabaja en la Francia ocupada, tenga su casa equipada por los productos de empresas alemanas y extranjeras que apoyan abiertamente al régimen nazi. Los aparatos electrónicos y electrodomésticos son de IBM, AEG, Siemens, Thyssen, General Electric, ITT… En su mundo ideal de nazi viste Hugo Boss y bebe Coca Cola. Tiene una cartilla de ahorros en el Deutsche Bank. Si le duele la cabeza, se toma una aspirina de Bayer. Y, después, va a trabajar al campo de concentración en un Mercedes o Volkswagen, o puede que un Ford. Da igual. Salvo las marcas inglesas, cualquier automóvil está a su alcance.

          <<¿Qué otra cosa podíamos hacer?>>, se disculpan los herederos. <<Para sobrevivir en un régimen nazi había que serlo, o disimular>>.

          Ah, sí. ¡Pero es que parecieron disfrutar tanto aquellos años!

          Es maliciosamente divertido pensar en Hugo Boss estudiando el diseño de un uniforme. Aquí colocamos la insignia Totenkopf, y en el cuello irán las runas de las SS. ¡Maravilloso! El hombre nazi debe ser apuesto, firme e intimidante. Como dice el lema: “vestido para el éxito”. Millones de personas antes de morir lo último que vieron con terror fue un tipo vestido de Hugo Boss. Aunque si este pensamiento es ya de por sí inquietante, imaginar que el gas con el que se les asesinó, el Zyklon-B, era suministrado por Bayer, que formaba parte del conglomerado IG Farben, termina deprimiendo.

          Realmente, ¿solo trataron de salir adelante en tiempos difíciles?

          Saber que muchos nazis buscaron refugio yendo a la ciudad del Vaticano, que organizó su fuga a Sudamérica, que los bancos de Suiza guardaron sus fortunas ganadas con el expolio, y que los Estados Unidos reclutaron a cientos de ellos en la operación Paperclip, me hace pensar que el mundo salido de la Segunda Guerra mundial fue muy generoso con todos ellos: los grandes industriales y militares nazis.     

          Me hace pensar en la carta que Jack el Destripador escribió en 1888 diciendo:

          <<Algún día los hombres mirarán atrás y dirán que conmigo nació el siglo XX.>>

          Parece que tenía razón el hijoputa.

         

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