domingo, 3 de junio de 2012

La riada


          Ayer cometí la locura de gastar un dinero que no tengo en ir a ver a Bruce Springsteen. Estos no son tiempos para gastar sin pensar, ¿verdad? Setenta y pico euros por una entrada que significan tres horas de entretenimiento, bajo una lluvia torrencial constante, debió haberme hecho pensar que fue un derroche, un mal gasto, una puta estupidez. Pero no fue así. Por un momento, aunque Springsteen habló de los malos tiempos, la crisis económica no existía. Y esa fiesta de 45.000 personas, fue una peineta anular a la tormenta.

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