Hoy se celebra que Reinhard Heydrich
fuera asesinado hace setenta años. Sí, se puede celebrar el crimen. Atendiendo
a todas las consideraciones humanistas que un homicidio en primer grado pueda
provocar, se lo merecía. Para hacerse una idea de la miseria que su rastro dejó
en su paso por el mundo, recomiendo ver La
Solución Final (Conspirancy), una película para televisión de la HBO, donde
Kenneth Brannagh interpreta a Heydrich con esa inquietante convicción con la
que los actores ingleses hacen de oficiales nazis. Como lectura, destacar el
libro HHhH, de Laurent Binet, premio
Goncourt 2011, y el artículo de Jacinto Antón: EL SECUAZ MÁS CRUEL DE HITLER.
Aún así, es difícil llegar a cubrir
mentalmente la perfecta maldad que desató Heydrich con su uniforme de las SS.
Me pregunto qué sería hoy de un tipo como él, combinando su brillante
inteligencia, su exquisita cultura y su ambición de poder. ¿Cuál sería su
hábitat preferido? ¿En qué lugar destacaría? No lo sé, pero me imagino que se
las arreglaría para vestir elegantes trajes de 5000$, viajar en limusinas y
beber champán después de una junta de accionistas.

No hay comentarios:
Publicar un comentario